Rosalind Franklin, la gran olvidada

Hoy, día 11 de febrero, es el día de la Mujer Científica. Por ello, queremos rendir un pequeño homenaje a una gran científica que por la época en la que vivió no fue reconocida como tal. Os presentamos a Rosalind Franklin.

“La ciencia y la vida ni pueden ni deben estar separadas. Para mí la ciencia da una explicación parcial de la vida. Tal como es se basa en los hechos, la experiencia y los experimentos… Estoy de acuerdo en que la fe es fundamental para tener éxito en la vida, pero no acepto tu definición de fe, la creencia de que hay vida tras la muerte. En mi opinión, lo único que necesita la fe es el convencimiento de que esforzándonos en hacer lo mejor que podemos nos acercaremos al éxito, y que el éxito de nuestros propósitos, la mejora de la humanidad de hoy y del futuro, merece la pena de conseguirse”- Rosalind Franklin.

A Franklin (1920-1958), una mujer judía de origen ashkenazi, se la conoce principalmente por la “Fotografía 51”, una imagen del ADN obtenida mediante difracción de rayos X, que sirvió como fundamento para la hipótesis de la estructura de doble hélice del ADN en su publicación de 1953, y que tras ésta constituye una prueba crítica para la hipótesis.
Más tarde, lideró varios trabajos pioneros relacionados con el virus del mosaico de tabaco y el virus de la polio.
También se doctoró en Química y Física en 1945 por la Universidad de Cambridge. Después, pasó tres años productivos (1947-1950) en París en el Laboratoire de Services Chimiques de L’Etat, donde aprendió técnicas de difracción de rayos X.
Falleció en 1958, a la corta edad de 37 años, a causa de bronconeumonía, carcinomatosis secundaria y cáncer de ovario, minutos antes de que su último informe fuera leído en la Faraday Society. Con toda probabilidad, esta enfermedad fue causada por las repetidas exposiciones a la radiación durante sus investigaciones.

Figura 1. Retrato de Rosalind Franklin y la “Fotografía 51” en la que se aprecia claramente la forma helicoidal del ADN.

Todos conocemos que el Premio Nobel fue otorgado a Watson, Crick y Wilkins en 1962 por descubrir la estructura de la molécula de ADN. Esto se debe a que una de las reglas del Premio Nobel era prohibir las candidaturas póstumas y por lo tanto, como Rosalind había fallecido en 1958, no era elegible para candidata al Premio Nobel. No cabe duda de que los datos obtenidos por Rosalind hicieron “desatascar” y progresar la investigación de Watson y Crick, pero ella no recibió ningún reconocimiento por esto, ni siquiera fue nombrada en su discurso cuando recibieron el premio.

La prueba decisiva que lanzó a los dos científicos a proponer en la revista Nature su modelo de estructura helicoidal del ADN, llegó con la “Fotografía 51” descubierta por Rosalind: una de las imágenes por difracción de rayos X que supone un hito para la historia de la Biología, pues en ella se puede apreciar la forma helicoidal de las cadenas de ADN.
Hasta el momento, Watson y Crick, que trabajaban de manera conjunta, habían estado estudiando la forma A del ADN. Lo mismo hacía Wilkins pero en un laboratorio que compartía con Franklin, quien sí estudió la forma B del ADN. Ya por entonces era evidente la mala relación entre Franklin y Wilkins, quien no soportaba que una “recién llegada” estuviera haciendo más progresos que él en muchos años de trabajo.
Figura 2. ADN-A (estructura más compacta e hidratada y a partir de la cual no se podía sacar ninguna conclusión). ADN-B (usado por Franklin).

Franklin envió un informe al Comité de Biofísica del Consejo de Investigación Médica mostrando sus cálculos y anotaciones donde afirmaba que las 2 cadenas de ADN son antiparalelas, es decir, cada una es complementaria de la otra. Este informe llegó a Max Perutz, director de tesis de Crick y miembro del Comité, quien le mostró una copia del informe a Crick.
Por otra parte, Wilkins era por entonces amigo de Crick, con el que despotricaba sobre Rosalind. Este último trabajaba con un investigador de Chicago, Watson, quien estaba tratando de descifrar la estructura del ADN por otra vía. Así, sin el permiso de Rosalind, su colega de trabajo Wilkins se tomó la libertad de mostrar la instantánea a Watson, quien después de haberse desplazado a Londres para ver la fotografía, afirmaba haberse quedado “boquiabierto” al verla. Ya con esa gran pista y el camino despejado al no saber nada Rosalind del “robado”, Watson investigó más sobre el ADN siguiendo vías más efectivas y dando el golpe definitivo cuando descubrió que el ADN se entrelazaba a través de bases que seguían una misma combinación. De esta manera fue como Watson y Crick, gracias a Wilkins y Perutz, se adelantaron de forma ilegítima al descubrimiento realizado en primera instancia por Rosalind Franklin.

Figura 3. Fragmento del informe que envió Franklin al Comité de Biofísica del Consejo de Investigación Médica. Afirmaba que los grupos fosfato estaban hacia el exterior, por tanto las bases nitrogenadas se encontraban en el interior de la doble hélice, concepto clave para resolver su estructura. Watson y Crick se adelantaron y enviaron “su modelo” a la revista Nature, por lo que Franklin tuvo que hacer una anotación a mano antes de enviárselo: “Así, nuestra idea general es coherente con el modelo propuesto por Watson y Crick”.

Más tarde, en el libro “La doble hélice”, Watson lo confirmó todo aunque muy a su pesar. Aquí, Watson define a la ya fallecida Rosalind bajo una mirada muy machista como una mera ayudante de Wilkins que, “podía haber sido bonita de haberse quitado las gafas y haber hecho algo con su cabello”. Lo que ahora se sabe de esta mujer dista mucho de esta visión tremendamente distorsionada e injusta, ya que la gran cantidad de descubrimientos que le avalan, han marcado un antes y un después en la historia de la Biología.

Como dato curioso, recientemente se presentó en Londres una obra de teatro, llamada “Photograph 51”, cuya protagonista está interpretada por Nicole Kidman.

Para despedirnos os dejamos estas bonitas palabras dedicadas a una mujer que mereció mucho más de lo que obtuvo:
"Su biografía, sin embargo, no es el relato de un fracaso, sino todo lo contrario: pese a que era muy joven cuando murió, había publicado más que muchos otros científicos en una vida mucho más larga". Así describe Brenda Maddox, una escritora británica famosa por escribir la biografía de Rosalind Franklin, entre otras, la vida de esta gran científica.


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